A días de que arranque el Torneo de Clasificación Intercontinental de la FIFA en México, las sedes de Guadalajara y Monterrey se preparan para operar como un ensayo rumbo al Mundial de 2026. No obstante, el ambiente previo no refleja la euforia habitual, ya que la afición no ha respondido como se esperaba en la compra de boletos.
Los números en taquilla evidencian el problema. En Monterrey, la venta apenas rebasó las 15 mil entradas, muy por debajo del objetivo inicial, lo que llevó a limitar el acceso solo a la parte baja del estadio. En Guadalajara la situación no es muy distinta, con poco más de 16 mil boletos vendidos, anticipando una asistencia discreta en ambos inmuebles.
Detrás de esta baja demanda hay varios factores claros. La ausencia de selecciones de gran convocatoria —incluido México— reduce el interés del público, mientras que el gasto constante en competencias locales e internacionales ha llevado a los aficionados a guardar dinero para el Mundial. Además, el torneo es visto por muchos como una prueba organizativa más que como un evento imperdible.
Paradójicamente, el precio no ha sido una barrera, ya que los boletos se ofrecen a costos accesibles, entre 200 y 300 pesos. Aun así, los organizadores confían en que las compras de último momento ayuden a mejorar la entrada y evitar una imagen poco habitual de gradas semivacías en ciudades con gran tradición futbolera.


