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De la ilusión al colapso: el Tri quedó corto y con dos rojas encima

Eduardo Arce no se anduvo con rodeos: su equipo, admitió, “perdió la cabeza” justo cuando más necesitaba control. Entre la tensión del partido, los roces con el rival y la presión del momento, el Tri terminó desmoronándose. El resultado fue escandaloso: terminaron con solo nueve hombres tras las expulsiones de Diego Ochoa y Tahiel Jiménez, castigados por agresiones directas.

“¿Si perdimos la cabeza? Sí, la verdad que sí, al final”, confesó Arce, resignado. “No quiero meterme tanto en eso porque es parte del futbol: lo que dicen ellos, lo que decimos nosotros. Pero cuando se sueltan palabras en ese instante, te encienden. Sabíamos que ellos manejan bien ese juego”.

Lo más sorprendente es que México no llegó a esta instancia como víctima. El plan inicial era claro: meterse a cuartos de final. Ese escalón lo superaron con determinación, después de una fase de grupos complicada y unos octavos que exigieron carácter. Y entonces pasó lo inesperado: la meta cambió. El sueño dejó de ser avanzar… y empezó a ser ganar.

Arce reconoció, sin adornos, que no alcanzaron el salto que todo México esperaba:
“Sí, totalmente nos quedamos cortos. Aunque intentamos jugar el futbol que queríamos, fuimos combativos, mostramos mentalidad. Obviamente queríamos darle más al país, a la afición, a los chavos… pero no pudimos”.

El técnico valoró la entrega del grupo y la identidad que intentaron construir, pero no lo disfrazó: el equipo creció en lo futbolístico, pero falló donde menos margen había, en la cabeza. Para Arce, este Tri Sub-20 dejó señales prometedoras, pero también una alerta ineludible: el manejo emocional sigue siendo una deuda que futuras generaciones deberán saldar si quieren aspirar a algo más que promesas.

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