La clasificación de Haití al Mundial 2026 llega con una historia insólita: su entrenador, Sébastien Migne, nunca ha podido viajar al país desde que fue nombrado hace 18 meses. La crisis de violencia que domina Puerto Príncipe, controlada por bandas armadas, ha hecho imposible su presencia física en territorio haitiano.
La situación es tan grave que no existen vuelos internacionales hacia Haití y organismos como el Departamento de Estado de EE.UU. advierten del riesgo extremo de secuestros y disturbios. Por ello, Migne se ha visto obligado a dirigir por completo a distancia, dependiendo de informes telefónicos y el apoyo de la federación para conocer a los jugadores locales.
A pesar de ese desafío, el técnico francés fortaleció al equipo incorporando futbolistas de raíces haitianas que militan en el extranjero, como Jean-Ricner Bellegarde, Josué Casimir y Hannes Delcroix, fundamentales en el triunfo 2-0 ante Nicaragua. Incluso continúa buscando sumar talentos como Wilson Isidor, aún indeciso entre Haití y Francia.
Sin poder entrenar en casa y disputando sus partidos en sedes neutrales como Curazao, Haití completó una eliminatoria sólida y selló su primer Mundial desde 1974. Un logro histórico dirigido por un entrenador que, paradójicamente, aún no conoce el país que llevará a la Copa del Mundo.
